La mirada imperfecta: En Busca de la Felicidad

 

Por: Raúl Mayo Castro

Escritor, periodista y docente. Originario de Villahermosa, Tabasco. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Cuenta con tres libros de relatos publicados en Jalisco. Actualmente radica en Ensenada, Baja California, donde se incorpora con naturalidad al cuerpo docente y a la actividad periodística, mientras prepara un par de trabajos novelísticos.

e-mail: ilimite@hotmail.com

 

 

 

 

En los cuentos infantiles, había un rey que se encontraba moribundo; en busca de la anhelada cura, sus servidores enviaron por la camisa de un hombre feliz “si se la ponemos, nuestro monarca salvará su vida”, pensaron. Tras recorrer mucho terreno y descartar a demasiados infelices, al fin encontraron a un sujeto que llenaba sus expectativas de felicidad, sólo que había un problema: no tenía camisa…

Por más metódico, sofisticado y extenso que sea un estudio, no será capaz de registrar el índice de felicidad del ser humano. Esta insistencia de cuadrar la complejidad de la vida, bajo ciertos parámetros, no pasa de ser un abuso de lucidez, un pretensioso absurdo. No todo se puede medir, pesar ni cuantificar ¿alguien sabe con certeza lo es la felicidad? Sabemos lo que nos dicen, la felicidad según se rumora por todos lados, es un asunto que se resuelve con tener, no con ser. Lo extraño es que los que aseguran esto, de modo directo o indirecto, siempre terminan por querer vendernos algo.

El diccionario tampoco es concluyente, nos dice que la felicidad es un estado de ánimo, un sentimiento vinculado de algún modo a la satisfacción. Revisando su etimología, esta palabra que proviene del latín, se emparenta con lo fecundo, existe la analogía de algo así como un niño que es amamantado. Aquí, el único inconveniente –el mismo que comparto con los que me leen-, es que no podemos ser bebés de nuevo y recibir el calostro de nuestras madres.

El Informe Mundial de la Felicidad 2018, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas (SDSN), asegura que Finlandia se ha convertido en el país más feliz del mundo. Este análisis clasifica a 156 países según los siguientes indicadores: su Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, el apoyo social, la esperanza de una vida sana, la libertad social, la generosidad y la ausencia de corrupción.

Sí, sí, de inmediato pensé como ustedes ¿en qué recoveco del sótano se encontrará México? Hasta eso, de acuerdo a esta investigación, no nos fue tan mal, nuestro país ocupa el lugar 24 entre los sitios más felices. En el Top 10, junto con Finlandia, también figuran Dinamarca, Islandia, Suiza, Países Bajos, Canadá, Nueva Zelanda, Suecia y Australia. El estudio también reveló que Burundi es el lugar más triste del mundo, más acá, los estadunidenses se encuentran de caída libre en esta escala, por problemas relacionados con la depresión, la obesidad y la crisis de opiáceos.

Si los parámetros utilizados para medir la felicidad fueran reales, nadie podría explicar por qué hay tantos suicidas que lograron su cometido en contextos de abundancia; por qué hay otros tantos que no le encuentran sentido a la existencia. Por qué rayos el dinero no subsidia la alegría. Por qué ni la fama, ni el talento, ni la juventud o la belleza, constituyen certificados de garantía para ser felices.

Los filósofos se entrenaron en la búsqueda de la felicidad, buscando respuestas a las preguntas trascendentales. Es obvio, murieron sin contestar el examen. Los magnates intentan adquirir algunas dosis de felicidad, pero es un hecho que ese producto no existe en el mercado. Los hedonistas se maravillan de no encontrar placer en el placer; los optimistas han entendido la diferencia entre creerse felices y ser felices…

Y eso no es todo, los empresarios acaban de confesar algo estremecedor: “la clave de la felicidad no es el éxito, sino la felicidad es la clave del éxito”. Entonces ¿en qué quedamos? ¿qué podemos hacer? La situación es grave, recordemos que el hombre feliz no tenía camisa…

El escritor argentino Jorge Luis Borges, una vez reconoció: “He cometido el peor de los crímenes que un hombre puede cometer: no he sido feliz”. Ahhhh ¡felicidad! ¡felicidad! esa rara avis que desde siempre buscamos, sin que finalmente se deje encontrar. No sé ustedes, pero yo lo tengo muy en claro, estoy convencido de que hemos buscado mal, el ser humano se arropa de carne y de huesos, incluso de una manifiesta carga de energía, pero la misteriosa chispa que lo enciende, su verdad, es el espíritu, ahí, en esa dimensión, es justo donde debemos rascar…

 

 

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Imagen de portada:  Cortesía / Raúl Mayo

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