La mirada imperfecta – Te escribo a ti: mujer

 

Por: Raúl Mayo Castro

Escritor, periodista y docente. Originario de Villahermosa, Tabasco. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Cuenta con tres libros de relatos publicados en Jalisco. Actualmente radica en Ensenada, Baja California, donde se incorpora con naturalidad al cuerpo docente y a la actividad periodística, mientras prepara un par de trabajos novelísticos.

e-mail: ilimite@hotmail.com

 

 

 

Sonríes mujer, aparece en tu rostro ese tono festivo de los acontecimientos especiales, tus ojos se regocijan. La celebración proviene del espíritu, no de una fecha en el calendario. Te veo espléndida, lúcida, despejada, libre de ataduras. Dueña de lo que sientes y de lo que crees. Después de sortear edades de miedos y de silencios, al fin te encontraste, te debes una pausa, no te pierdas en ti, ya nada tienes que probar a nadie, ni siquiera a ti misma. Sólo debes ser, serte…

Mujer, en todo lo que haces, ejercitas tus variados talentos y habilidades, por eso te has situado en roles protagónicos. En cada esfera donde militas, rompes con la dinámica de los condicionamientos sociales, has dejado atrás las confabulaciones de la historia, has soterrado vestigios de las culturas doméstica y machista. Ahora, el desafío que enfrentas es asimilarte, mirar fijamente en el espejo de tus expectativas. En esta vorágine de nuevas y enormes responsabilidades, debes preservar tu esencia femenina.

Has hecho bien, en redefinir el significado de ser mujer, ya no serás relegada a conceptualizarse bajo parámetros masculinos, pero no puedes redefinir tu naturaleza, no debes caer en la trampa de la ruptura con tu verdadera esencia. Donde quiera que te encuentres, ahí está la dama, la delicadeza, el lado sensible de la existencia, la compañera, la entraña de madre y la mujer virtuosa que ama a Dios. No te niegues a ti misma, porque te entramparías en el impasse de una interminable crisis de conciencia y de identidad.

Durante un tiempo, un largo tiempo, las prácticas publicitarias nos vendieron de ti, una imagen simulada: te hicieron ver como un objeto de deseo, alguien que ponía su cuerpo y belleza al servicio de la satisfacción de los varones. En medio de esa controversia, llegaste a perder tu propia visión de ti.
Tampoco en el ámbito casero se te supo dimensionar, eras la mártir, la que espera, la programada para ser funcional en tareas domésticas. Ahora todo es diferente, te has distanciado de las distorsiones culturales, tu presencia es sólida, irrefutable; es una onda expansiva que se extiende; ahora se instala con naturalidad en un protagonismo de ilimitados alcances.

Es cierto, mujer, ya no serás reducida a un objeto de deseo, pero tampoco deberás reducir a deseo a los demás. Tienes la invaluable oportunidad de ser todo lo quieras, sin dejar de ser femenina, ser tú, la expresión más viva de ti misma. Se han ido aquellos años en lo que como decía Louis Wyse “A los hombres se les enseñaba a disculparse por sus debilidades, a las mujeres por sus capacidades”. Se han ido aquellos años y no volverán.

Ahora sabes que ser mujer, es mucho más que cumplir con distintos roles, mucho más que ser productiva e independiente. Estás más allá de un cuerpo, de un rostro, de una mente, de un vientre capaz de procrear. Tienes el desafío de integrarlo todo, la clave consiste en saber armonizar con tu esencia ¿cómo alcanzarás la realización, si pierdes de vista lo que te hace bellamente distinta?

Mujer: a diferencia de otras épocas, no estás donde los otros te coloquen, ni dónde el primitivismo social te diga que debes estar. Ahora te encuentras justa, puntual y exactamente, en el sitio que te corresponde.

 

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Fotografía de portada: Raúl Mayo

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