La mirada imperfecta: Cuando hasta las dudas nos “asaltan”

 

Por: Raúl Mayo Castro

Escritor, periodista y docente. Originario de Villahermosa, Tabasco. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Cuenta con tres libros de relatos publicados en Jalisco. Actualmente radica en Ensenada, Baja California, donde se incorpora con naturalidad al cuerpo docente y a la actividad periodística, mientras prepara un par de trabajos novelísticos.

e-mail: ilimite@hotmail.com

 

 

 

La seguridad se ha convertido en una especie de fábula que nos reinventan cada sexenio, lo hacen con intenciones de enviarnos a la cama, sin que nos inquieten los aullidos de los lobos. Pero ni eso, ni contar borreguitos da resultado, el problema es que cada vez menos personas se tragan esos cuentos.

A la clase de bestias que andan sueltas por todo el país, no les da por platicar, como a los animalitos de Esopo, sino por saquear, destruir e intimidar.

¿Sabrán las autoridades dimensionar la palabra seguridad? esta una palabra que entraña una necesidad básica de todo ser humano, su etimología proviene del latín “securitas”, y esta a su vez procede de los vocablos “sine cura” (sin cuidado, libre de preocupación, sin temor a sufrir daño) Y yo me pregunto: ¿Cuántos en este país se pueden jactar de sentirse seguros? ¿Cuántos pueden dormir sin sobresaltos? No lo sé con exactitud, pero apuesto a que no son muchos.

La encuesta más reciente sobre seguridad pública urbana, publicada a fines del 20167 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), da a conocer que la percepción de inseguridad ha aumentado un 4% en los últimos doce meses. El 76% de los mexicanos se siente inseguro viviendo en su ciudad, mientras que en el mismo periodo de 2016, fue el 71,9% de la población la que dio la misma respuesta.

Las mujeres son las más temerosas con la inseguridad en sus ciudades. El 80,3% de las encuestadas reconoció sentirse insegura en el lugar donde vive. Esta es la cifra más alta medida por el instituto estadístico, desde el nacimiento de esta encuesta, en el 2013. Así es nuestro México del alma, un lugar hasta donde las dudas asaltan.

La percepción de inseguridad no es un pálpito, ni una exageración, responde a una inocultable realidad. Vivimos en una época en la que acciones cotidianas como ir a la escuela, tomar un helado o andar en bicicleta por la cuadra, se encuentran bajo una latente amenaza, hay que clasificarlas en el apartado de las riesgosas.

Lo único seguro en este mundo, es que nada es seguro. Hay un proverbio chino que dice: “La puerta mejor cerrada, es aquella que puede dejarse abierta”.

Lo que antes era una hermosa realidad, ahora se cuenta entre las utopías. La inseguridad se ha vuelto la coartada perfecta para exigir más y más recursos, sin que los resultados se acerquen un poco a la altura de las expectativas.

Hay una enorme sensación de desesperanza, de pérdida de la tranquilidad. No hay encuestas que midan el dolor, no hay parámetros para registrar la impotencia que se padece, por episodios de secuestros, robos patrimoniales, extorsiones, asesinatos de familiares.

Al salir de nuestras casas cada día, no hay garantías de volver ilesos, vamos, ni siquiera hay garantías de volver…

 

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Fotografía de portada: Inseguridad Mirada / Raúl Mayo

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