La Mirada Imperfecta: Ayotzinapa y el virus de la desmemoria

 

Por: Raúl Mayo Castro

Escritor, periodista y docente. Originario de Villahermosa, Tabasco. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Cuenta con tres libros de relatos publicados en Jalisco. Actualmente radica en Ensenada, Baja California, donde se incorpora con naturalidad al cuerpo docente y a la actividad periodística, mientras prepara un par de trabajos novelísticos.

e-mail: ilimite@hotmail.com

 

 

Navego en la red, el rumbo es incierto, las aguas virtuales no se encuentran tranquilas, aún se arremolinan por el dolor de la tragedia, continúa la turbulencia por el tiroteo en una escuela de Florida. La sociedad estadunidense ha sido trastocada, sigue herida por el joven depredador que asesinó a 17 personas el Día de San Valentín. Odio decirlo, pero sin restar un ápice de lamentación y de respeto por esta masacre, no hay que olvidar que en México, todavía nos faltan 43 muchachos, académicos también. Sus padres, hermanos, parejas y amigos, los siguen esperando…

Lamento poner el dedo en la llaga, pero he hecho cosas peores. No sé cuánto dure la onda expansiva de repudio, de indignación a causa de la tragedia vecina, lo que sí conozco, es la fragilidad de nuestra memoria. Cada vez menos se acuerdan de lo sucedido el 26 de septiembre de 2014. A más de tres años de distancia, los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa siguen desaparecidos, este hecho no debe quedar en el olvido. Es uno de los capítulos de impunidad más oscuros de la historia de México.

La responsabilidad de un periodista, no se subordina a lo que acontece en el día, la profesión exige que se mantengan activos los casos no resueltos. Ustedes han de perdonar, pero hay un silencio informativo del que no quiero ser cómplice, por eso se me hizo largo el fin de semana, por eso vengo aquí, con esta atizadita al fuego de la memoria colectiva; no olvidemos a estos muchachos, ni a sus familias; no importa el tiempo transcurrido, ni las líneas de investigación que jamás se abrieron, ni los costales de arena que se echaron para borrar las pistas, ni que otros decidan darle carpetazo al asunto. La sociedad jamás debe ceder a la tentación del olvido.

Mi navegación era tranquila, hasta que me interné en zona de riesgo y dio inicio el zarandeo. Arremetieron contra mí: la oleada de noticias sobre la masacre, las reacciones internacionales, los compromisos de apoyar a los deudos, los juramentos de cambiar la política de armas, en fin, el mundo haciendo eco de un mismo lamento ¿acaso no es lo que siempre sucede?, pero con el tiempo todo se desdibuja, la más grande indignación deja de gravitar en el ambiente. La gente suele tomar distancia de los malos recuerdos. Antonio Porcia lo expone de esta manera: “La savia que alimenta la memoria casi está seca ¿Morirá la memoria?”.

Casi al instante, conecté la desgracia ocurrida en Florida, con la tragedia irresuelta del Caso Ayotzinapa. Comencé a revisar la información disponible, nada nuevo bajo el sol de México, ni un mínimo avance al respecto. La novedad es que no hay novedad. En un golpe de suerte (no sé si buena o mala), me topé con la frase de uno de los padres de las víctimas: “Te mataron y no nos dijeron donde enterraron tu cuerpo. Pero desde entonces todo el territorio es tu sepulcro, o más bien; en cada palmo de territorio nacional en que no está tu cuerpo, tú resucitaste”. (Ernesto Cardenal).

Ensimismado y conmovido, me fue fácil reconstruir en mi mente, el primer aniversario del caso Ayotzinapa. Por entonces yo vivía en Guadalajara, me terminaba de arreglar para asistir a un acto de protesta, de pronto recibí la llamada de una amiga, recuerdo la sutileza de su voz, el sonido lejano del tren, el calor del mediodía. Ella me preguntó: -¿qué estás haciendo, Raúl? -Estoy por salir a una marcha, es por los 43 normalistas desaparecidos, le respondí. Se abrió un breve compás de silencio, luego me cuestionó: -¿en serio? ¿es lo de Ayotzinapa? ¿todavía siguen con eso?

Claro, me molesté muy en serio, no podía creer lo insensible de sus palabras, la mordacidad de su ironía, pero no se lo hice saber, decidí sobreponerme, pretexté que llevaba prisa y así pude terminar con la llamada. Ahora, han pasado dos años, todo sigue avanzando en la dirección incorrecta, ahora mi respuesta sería: -Sí, es por lo de Ayotzinapa, es porque no es una noticia que pase de moda, es por ti, por mí, es por todos. Vivimos en un país donde desaparecen 45 personas y nadie sabe nada. Nos mienten y nos vuelven a mentir, se pasean con toda la impunidad frente a nuestra cara. Sí, es por lo de Ayotzinapa, es porque al salir a las calles todos somos vulnerables, todos somos como esos normalistas.

La semana reinicia, cada quien atiende lo suyo, la ignorancia llega a ser funcional, se vuelve el privilegio de algunos. No sé ustedes, pero yo no voy a sufrir de amnesia voluntaria, no sé ustedes, pero aún tengo hambre y sed de justicia…

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Fotografía de portada:  kjpargeter / Freepik

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