La triste y oscura época de México

 

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Sergio Zenteno brinda con FOLIO una crónica de lo que él considera actual y vital en la cultura y sociedad. Color local, comentario, anéctodas y observaciones.

 

 

 

 

La triste y oscura época de México

Uno trata de no mencionar o dramatizar más de la cuenta los numerosos eventos trágicos, violentos, algunos impunes, que acontecen en el país, para no aportar a la psicosis de miedo, impotencia e incertidumbre que cunde en nuestra época.

Ante el reciente asesinato de Mara Fernanda Castilla Miranda, detalles del cual existen abundantemente en los medios, es difícil no vocalizar el sentimiento de rabia estoica, frustración, descontento y consternación. La mayoría pensamos que se ha llegado a una masa crítica, y aun así entretenemos la noción y esperanza, quizás ingenua, que hay en el horizonte un alivio, un cambio de cosas, si tan solo hubiese una entidad que realmente vele por nuestro bienestar y seguridad.

Desgraciadamente estos eventos que ocurren casi a diario, que causan dolor ajeno, directo o inmediato, obedecen a causas y situaciones complejísimas, mecanismos que trascienden las localidades y aun el país.

Al parecer no solo México sino el mundo entero atraviesa una época oscura y volátil, exacerbada por la rapidez en la transmisión de noticias e información.

Algunos concluimos que el estado nos ha fallado, en todos sus niveles, que se ha creado una atmósfera sistémica que facilita el abuso y el terror, o que participa. Se habla de un decaer moral, de una de-sensibilización ante la violencia y actos extremos. Es difícil precisar si un sitio o región en particular es la sede del caos, el infierno.

Realmente es un aspecto de la condición humana en la actualidad, peligros de la modernidad.

En el caso de Mara Fernanda obvio es un nuevo y patente descenso al femicidio vil, al robo de una vida por placer o perversión o como esquema de negocio.

Pero de alguna manera se cometen ilícitos extremos de esta naturaleza porque el perpetrador piensa que se saldrá con la suya, que puede manipular o comprar su absolución.

Tal vez se revela en esto una ampliación en el ser humano en su capacidad y propensión al mal, asistida por drogas o ambición, igual dentro de una cultura clandestina del crimen donde todo parece fácil, donde la vida no vale nada.

Hasta qué punto debe o puede el estado protegernos del mal, hasta que punto puede o debe la sociedad autorregularse? esto último era el papel de la religión, pero ya sabemos que las instituciones no garantizan el sosiego moral o legal de la gente, o solo hasta cierto punto. La causación de este estado de cosas es difícil de puntualizar, como es difícil nombrar responsables absolutos; el reflejo generalizado es mirar en dirección a los administradores de la ley y el orden. 

El problema es grave, porque quiero suponer que muchos de nosotros tenemos allegados que han sido víctimas, que han sido extorsionados, que están desaparecidos, o peor. Ya no es un problema alejado, es un drama humano inmediato, posible, tal como los desastres climáticos que ocurren y sentimos o las posibles guerras que amenazan con afectarnos o llegarnos.

Al ser una situación global, en algunas partes del mundo la respuesta es un mayor control policial o militar, la militarización de los cuerpos policiales, mayor vigilancia y monitoreo del ciudadano común; esto amenaza las libertades individuales. La mentalidad militar estimula el comercio y uso de armas en la sociedad en general, que es problema central en este asunto.

Esto también es cierto en México, adicionalmente aquí se critica la torpeza e incompetencia de las autoridades y gobiernos; se critica el poder que ha adquirido el hampa, los carteles, aun el malandro de barriada, como si fueran elementos inevitables e intrínsecos de la sociedad actual, economías invisibles y clandestinas, cánceres sin cura. Hasta donde hemos llegado.

En última instancia quizás es un nivel de complejidad social que no esperábamos, un caos precipitado por la tecnología misma. Evitamos hablar de un apocalipsis, de un colapso total, de un abismo espiritual, el fin de la civilización. A veces así parece.  

 

fotos: prensa/cortesía

 

 

 

 

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