Moral, árbol que da moras…

 

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Gerardo Fragoso. Fotografía: Cortesía

 

Por Sergio Haro Cordero y Cristian Torres Cruz de la Asociación de Periodistas Universitarios de Mexicali (APU)

No se sabe si los directivos de Uniradio solapen este tipo de prácticas, si lo saben o si lo justifican, pero evidentemente que se trata de una anomalía en términos de ética periodística, ese concepto que parece desconocido para muchos.

Se trata de la práctica, cada vez es más recurrente, del reportero de Uniradio en Mexicali, Gerardo Fragoso quien ya se acostumbró – y hasta ahora parece que nadie he dicho nada- a robarse notas de otros, a “piratearse” información sin la mínima cita del origen y aun mas, “agandallarse” datos solicitados por otros en los portales de transparencia.

Son varios los compañeros reporteros que se quejan del “robo” de sus notas, y ha pasado que hasta algunos datos recabados, citas textuales –el esfuerzo del reportero por sacar algo diferente pues- son retomados por este Fragoso, ex reportero de La Crónica, de Expresiones, vinculado al PRD en su natal Puebla- y ahora exportado a Mexicali.

En el caso del semanario ZETA van al menos tres informaciones solicitadas vía transparencia que en cuanto aparecen con respuesta, el primero en adjudicársela es Fragoso y publicándola inmediatamente en el portal de Uniradio. Tal fue el caso hace tres meses por una información solicitada a la UCT por Cristian Torres quien, como parte de un reportaje relativo al Teletón solicitó los datos al Gobierno del Estado sobre los montos entregados a Televisa.

Ni siquiera pudo terminar el reportaje pues de repente se dio cuenta que la respuesta que el requirió fue publicada como propia por ese Fragoso. Lo peor es que en el semanario no entró al tema bajo el argumento de que la información ya había sido publicada en Uniradio.

Si bien la misma Ley de Transparencia estipula que la información es pública, los datos solicitados son difundidos en su portal, además de ser enviados al correo del solicitante. Es evidente que se trata de una práctica irregular, anómala, “gandalla” por decir lo menos. De hecho no hay un antecedente en Baja California de esa práctica aquí instaurada por el reportero poblano.

Pero no fue el único caso. Hace dos semanas ocurió de nuevo con una información solicitada por ZETA para un trabajo relacionados con la transparencia de los gobiernos. El semanario solicitó los datos relativos a los teléfonos celulares usados por los funcionarios estatales de primer nivel –igual solicitó al Congreso, a los municipios- datos que igual, los entregaros el miércoles 15 de octubre y ese Fragoso los publico el jueves 16, eso sí, tempranito.

La última de esta serie la hizo el lunes 20 de octubre con información –igual solicitada por ZETA en Mexicali- sobre viajes y gastos de la Primera Dama, Brenda Ruacho.  El tema era el relativo a los gastos del gobernador “Kiko” Vega, su justificación, sus acompañantes y sus logros. La primera respuesta oficial vino escueta, por lo que se cambió el sentido de la petición, pero se agregaron a la petición los datos de Ruacho, con copias de las facturas.  Eso fue hace mes y medio.

Desde la Unidad Concentradora de Transparencia solicitaron una extensión de diez días –que se suman a los primeros 10 que marca la Ley- y finalmente los enviaron el viernes 17, un poco antes de las seis de la tarde. El lunes temprano apareció la nota de Uniradio firmada por ese Fragoso

La realidad no es propiedad de nadie, pero para llegar a ella se necesita un esfuerzo, el compilar datos, analizarlos, contextualizarlos, saber cómo y dónde acomodarlos y, entonces sí, publicarlos. Ese es el reto de cualquier reportero, comunicador, o los pomposamente autollamados “periodistas”.

Es como el caso de la ciencia, ahí está enfrente de nosotros pero si no sabemos descifrarla, acomodarla, darle sentido, pulsarla y sistematizarla, nada se logra. Pero si esperas que otros lo hagan, ya listo el pastel, tu mayor mérito es pasar y tomarlo con el mayor sigilo y atracártelo, para al día siguiente publicarlo y destacarlo como propio.

En un mundo tan convulsionado, tan confuso, repleto de tanta corrupción, tranzas, inseguridad y violencia, nada bueno abona este tipo de prácticas. El mensaje al ciudadano es que todo se vale en estos agitados momentos, lo cual evidentemente no es verdad, al contrario.

 

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